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Después de varios años de práctica clínica, he llegado a una conclusión importante: en el perfeccionismo hay algo que no acaba de funcionar.

Para muchos la perfección es un ideal. Se proponen tener un matrimonio perfecto, unos hijos perfectos, unas vacaciones perfectas, un trabajo perfecto…Sin embargo, ¡no es oro todo lo que reluce!

La perfección parece tan atractiva y tentadora…Y en realidad solo es:

Un espejismo

Un montón de promesas que no se cumplen

Una trampa: si cualquier cosa puede mejorarse, uno siempre sale perdiendo

Las metas excesivamente ambiciosas provocan una decepción tras otra. Es lo mismo que pretender batir el récord mundial en salto de altura, los nada menos que 2,45 metros de Javier Sotomayor sin entrenamiento (Salto 2,45 metros de altura – Récord mundial), ¿te imaginas?

Lógico: !lo más probable para el 99% de la humanidad es quedarnos por debajo!

Así, nos quedamos sin recompensa ni motivación, solo ganamos en:

Estrés

Sensación de falta de control (paradójica)

Y es que son demasiadas las obsesiones por alcanzar la perfección, controlarlo todo, realizar un trabajo impecable o ser exhaustivos en comparación con lo que nos muestra la vida real:

– Hay cambios que no están bajo nuestro control

– La incertidumbre está presente en cualquier ámbito de nuestra vida

– No es posible ser el primero en todos los ámbitos de la vida

– No serlo significa solo eso y nada malo sobre tu persona

– Intentarlo requiere mucho esfuerzo y tensión, que se convierte en inútil al ver que cualquier cosa es mejorable

– Por muy bueno que sea el resultado, un proceso demasiado lento y excesivamente completo en algo lo convierte en ineficaz

– Es inevitable cometer errores y que nos juzguen

Hasta aquí la primera parte sobre cómo superar el perfeccionismo. Pero antes de la segunda, me interesa conocer: según tu experiencia, ¿crees que el perfeccionismo es algo positivo o negativo? !

Foto Flickr- Amy McTigue